FEFO sin lágrimas: caducidades que no acaban en merma
Todo el mundo dice que saca primero lo que antes caduca. Casi nadie lo hace, y no por dejadez: lo hace la caja que está más a mano. Esto va de por qué pasa y de qué hace falta para que deje de pasar.
Qué es FEFO y por qué no es lo mismo que FIFO
FEFO quiere decir primero en caducar, primero en salir. FIFO quiere decir primero en entrar, primero en salir. Suenan parecido y en un almacén de tornillos casi da igual cuál de los dos apliques, porque un tornillo no caduca. En alimentación no da igual, y las dos reglas no coinciden casi nunca.
Un lote recibido ayer puede caducar antes que uno que lleva un mes en la cámara: depende de cuándo lo fabricaron, de la vida útil de la referencia y de cómo venía el pedido del proveedor. Ordenar por fecha de entrada es ordenar por la fecha equivocada. Lo que decide qué caja sale hoy es la fecha de caducidad de esa caja, no la de su albarán.
Por qué el operario se salta el FEFO, y por qué tiene razón
El lote correcto está en la altura tres de la cámara dos. El otro está en el suelo del pasillo, delante de las narices, y la furgoneta está esperando con el motor en marcha. Sale el del suelo. Cualquiera con una pistola en la mano y quince minutos de retraso haría lo mismo, y tendría razón.
El problema no es la persona: es que nadie le ha dicho cuál sale. Pedirle a alguien que se acuerde de mirar dos fechas mientras carga cuarenta bultos no es una regla de trabajo, es una esperanza. Y las esperanzas no aguantan un lunes de agosto.
Las tres cosas que hay que tener antes de hablar de FEFO
Antes de poner ninguna regla, tres cosas. Ni una más.
Fecha de caducidad en la recepción.
Ubicación conocida.
Una regla que decida por el operario.
La caducidad no se combate en el contenedor
Cuando el lote está a dos días, ya no hay decisión que tomar: es tirarlo o regalarlo. A nueve días todavía hay una decisión comercial encima de la mesa, y es una decisión, no un ahorro: una oferta dirigida a los clientes que compran esa referencia todas las semanas, un cambio de orden en la ruta, una llamada del comercial que ya iba a pasar por ahí.
Lo que sí se puede medir hoy, antes de cambiar nada, es lo que la empresa tira en un mes y cuánto de eso avisaba con días de margen. Esa cuenta es incómoda y es la única honrada: es lo que cuesta hoy trabajar así, no lo que se va a ahorrar mañana.
La merma que se apunta con motivo —caducó, se rompió, el cliente lo devolvió— vale para algo dentro de tres meses. La que se apunta como «merma» y ya, no vale para nada.
Qué preguntar antes de creerte que tu sistema hace FEFO
Cuatro preguntas, por correo, para que la respuesta quede escrita.
¿La recepción se puede cerrar sin fecha de caducidad?
¿La propuesta de salida la calcula el sistema o la decide quien coge la caja?
Si alguien se salta la propuesta, ¿queda registrado quién y por qué?
¿Lo que va en la furgoneta sigue contado hasta que se entrega?
Y una quinta, que no es de software: ¿cada cuánto se cuenta? Los recuentos rotativos, unas pocas ubicaciones cada día, mantienen el stock creíble sin parar el almacén. El inventario anual de un sábado no arregla lo que se descuadró en marzo.